Replicando a Milgram

Jerry Burger, de la Universidad de Santa Clara, California, ha publicado no hace mucho un artículo en el que describe una replicación parcial de uno de los experimentos sobre obediencia a la autoridad de Stanley Milgram, de los que ya hemos hablado alguna vez en el blog. Para recordarlo un poco, en sus estudios Milgram presentaba una situación en la que el participante recibía órdenes de dar una serie de descargas eléctricas a otro voluntario (en realidad, un actor que no recibía las descargas, aunque sí fingía dolor). Los resultados fueron en cierto modo sorprendentes: la obediencia fue bastante mayor de lo esperado y algunos participantes llegaron a dar las descargas más elevadas a pesar de los gritos y las súplicas de la víctima.
En el estudio original (en concreto, el Experimento 5) el actor empezaba a pedir que el experimento se detuviera al llegar a las descargas de 150 voltios. Al parecer, este es un punto crucial del experimento, ya que una cantidad importante de participantes se detenían aquí. Sin embargo, al revisar los resultados de Milgram, Burger señala que también parece ser un "punto de no retorno". De los participantes que pasaron de este punto, un 79% llegó a administrar la descarga máxima (450v).
Por esta razón, en la réplica del experimento, éste se detenía en este punto de 150v, después de que el participante hubiera decidido si iba a continuar o no dando las descargas. Los resultados (muy resumidos) mostraron una tasa de obediencia sólo ligeramente menor que en el experimento original (70% frente a 82.5%). Es decir, la obediencia en la situación de laboratorio en el año 2006, cuando se realizó el estudio, es comparable a la encontrada por Milgram 45 años antes.
Se podría pensar que estos experimentos revelan una parte terrible de la naturaleza humana. Sin embargo, y como dice el autor del estudio, más bien muestran que existen factores situacionales que afectan a nuestra conducta de una forma mucho más intensa de lo que creemos. Tendemos a pensar que el comportamiento de los demás, especialmente si los conocemos poco, se debe principalmente a su personalidad, a sus características personales. Pero es importante recordar que lo que ocurre a nuestro alrededor es también determinante en lo que hacemos.

Más información, aquí y aquí. Y en este blog, algunas curiosidades sobre Stanley Milgram y su trabajo.

Descubre tus puntos fuertes

Acabo de leer un artículo en PsyBlog que me ha llamado mucho la atención. Se trata de una explicación acerca de un cuestionario diseñado por Martin Seligman y Christopher Peterson que evalúa las virtudes y las fortalezas de la personalidad o el carácter de cada uno. Es bastante curiosa esta temática, ya que tradicionalmente las pruebas psicológicas se han centrado en medir aspectos, cómo decirlo, más negativos: hay pruebas que miden ansiedad, depresión... otras miden rasgos de personalidad, que pueden resultar más adaptativos o menos pero dentro del rango normal no son "buenos" o "malos". También están las pruebas de inteligencia, que se centran principalmente en la lógica, capacidad analítica, habilidades verbales y manipulativas, etc. En fin, que tenemos un amplio rango de cuestionarios, tests y pruebas de todo tipo (los psicólogos, siempre midiéndolo todo), muchos de ellos dedicados a la psicopatología. Esto tiene su explicación, y es que evidentemente las características patológicas provocan problemas a quién las posee, y las positivas no. Por tanto, evaluar estos aspectos ha sido tradicionalmente más urgente.
Sin embargo, en los últimos años está experimentando un auge importante la psicología positiva, la cual se centra más en aquellos aspectos adaptativos y útiles del ser humano. En esta línea, imagino, se ha desarrollado la prueba de la que os hablaba al principio. Se trata de un cuestionario que pregunta por diferentes características positivas, las virtudes y fortalezas, que podemos poseer en mayor o menor grado. Es un poco largo (240 preguntas, aunque existe una versión abreviada, que no ofrece tantos detalles) y está en inglés, aunque sólo por curiosidad creo que es interesante hacerlo.
Os dejo el enlace, por si os animáis
Values in Action Inventory of Strengths - VIA-IS

Escalas sin fin

Ya hemos hablado algunas veces de ilusiones visuales en el blog, como imágenes ambiguas que pueden verse de formas diferentes o patrones geométricos que parecen moverse. Sin embargo, nunca habíamos hablado de ilusiones auditivas. Lo cierto es que nunca me había encotrado con ninguna hasta hoy, al leer una entrada en Microsiervos donde se habla de ello. Lo que muestran allí es una Escala Shepard, que podéis escuchar aquí.
La explicación, un poco de andar por casa, es la siguiente: cuando escuchamos una nota cualquiera, pongamos por ejemplo un tono de 260 Hz, no sólo escuchamos ondas de esa frecuencia sino que el tono está compuesto por ondas de otras frecuencias, todas múltiplos de, en este caso, 260 (como 520, 780, 1040, etc.). Nuestro cerebro utiliza esa información para decirnos cuál es la nota exacta que estamos escuchando. Sin embargo, los "tonos Shepard" están compuestos de frecuencias armónicas separadas por octavas, lo cual significa que cada frecuencia de las que componen el tono es el doble de la anterior. En el ejemplo que poníamos, 130 Hz, 260 Hz, 520 Hz, 1040 Hz, etc. Esta composición hace que el cerebro sea capaz de diferenciar qué nota escucha, pero no en qué octava está.
Creando una escala compuesta únicamente por tonos Shepard, obtenemos una escala que parece ir bajando sin hacerse, en realidad, más grave, ya que lo que hace es repetir el mismo bucle una y otra vez.

PD: si queréis más información, aquí veréis qué dice la Wikipedia de los tonos Shepard.

In my language

Hace un par de días, unas compañeras presentaron en clase un estudio sobre autismo. Junto a él, nos enseñaron un vídeo que puede encontrarse en Youtube y que puede entenderse, en mi opinión, como una impresionante reflexión acerca de qué es la comunicación, la interacción y el pensamiento. La persona que aparece en el vídeo es Amanda Baggs, una mujer autista de 28 años y que afirma haber realizado ella sola la filmación y el montaje del vídeo. En la primera parte, la vemos a ella haciendo las cosas que normalmente hace para interactuar con su ambiente (tocar las cosas, escucharlas...). En la segunda, utiliza el lenguaje verbal, digamos que la forma "convencional" de comunicación entre seres humanos, para hacer una profunda reflexión sobre su forma de relacionarse con el mundo y cómo el resto de personas vemos ese comportamiento. No habla, utiliza un sintetizador que dice en voz alta lo que ella teclea en el ordenador.
Algunos expertos, sin embargo, dudan que ella sola haya podido hacer el vídeo dado que tiene problemas para realizar actividades básicas, y creen que debe de haber recibido algún tipo de ayuda.
A pesar de esto, creo que vale la pena verlo. Podéis encontrarlo aquí, In my language.

PD: Me parece tremendamente curioso el hecho de que sea capaz de interactuar de tal forma con los objetos y sin embargo no pueda hacerlo con las personas. Quizá para poder relacionarse con otros deberían hablar también su mismo idioma.