Esta tarde he asistido a una conferencia impatida por Jose Manuel Aguilar Cuenca, uno de los pioneros en hablar sobre el síndrome de alienación parental (SAP) en España. El SAP se ha convertido en un problema creciente en los últimos años, aunque fue ya descrito (sin esta denominación) allá por los ochenta por los terapeutas sistémicos de la Escuela de Milán. En esencia, se trata de un problema relacional, en el que uno de los progenitores se las arregla para destruir el vínculo afectivo que los hijos tienen con el otro progenitor, y que suele darse en situaciones de divorcio, especialmente cuando hay disputas por la custodia de los hijos. Como ha explicado Jose Manuel Aguilar, inicialmente los hijos se utilizan como "armas" contra la ex-pareja, pero más tarde acaban actuando por iniciativa propia contra el progenitor alienado.
Para que esto se produzca, el progenitor alienador (que puede ser tanto el padre como la madre) utiliza una serie de estrategias que tienen como objetivo inculcar al niño el odio hacia el otro progenitor. Por ejemplo, hablarle mal de él o ella, interrumpir las llamadas o visitas, esconder los regalos, poner falsas denuncias... Aunque al principio el niño se sienta desconcertado, acaba interiorizando esas creencias y expresando odio hacia el progenitor alienado: se niega a verle, a coger el teléfono, etc. El pensamiento del niño se polariza: su padre personaliza todo lo malo, su madre, todo lo bueno (o a la inversa). El odio puede llegar incluso a las agresiones físicas.
Una característica destacada diferencia estos casos de aquellos en los que realmente hay un maltrato por parte de uno de los padres, y es precisamente esta polarización: no hay ambivalencia hacia el progenitor alienado, no hay recuerdos felices ni características agradables, todo en él es malo. Además, no hay miedo hacia él, como es habitual en un maltratador, hay odio.
El tema daría para varias entradas, de momento, voy a dejar este vídeo, que es un fragmento del programa Informe Semanal en el que aparecen varios casos de SAP.
En una parte del vídeo aparece una persona diciendo que el SAP no existe. El SAP no es una enfermedad que pueda tener una persona, no es probable su presencia en un DSM, es un problema en las relaciones de la familia, ocurre a un nivel supraindividual. Pero ocurre, aunque lo llamemos de otra forma, existen muchos casos documentados y bastante investigación al respecto.
El lenguaje de los obispos
Estos días ha surgido en los medios el polémico tema del aborto, respecto a la ley que va a permitir a las mujeres decidir sobre el aborto a los 16 años. La Iglesia, como viene siendo habitual, se ha pronunciado al respecto mostrando su rechazo ante la iniciativa. Pero no sólo eso, además ha emprendido una campaña en contra de la reforma de la ley del aborto que incluye vallas publicitarias en las que aparece una cría de lince ibérico con el sello "lince protegido" junto a un bebé y el texto "¿Y yo? ¡Protege mi vida!"
La comparación que hacen entre la protección a los linces y otras especies, y la protección de los seres humanos nonatos ha sido definida como demagógica. En realidad, lo que están haciendo los obispos y los sectores afines de la derecha que apoyan su campaña, es definir la situación en sus propios términos. George Lakoff, famoso lingüista estadounidense, habla en varios de sus libros de la importancia de los marcos cognitivos en el discurso político. Cada partido basa sus ideas en una serie de valores contrapuestos a los del otro, y estas ideas se organizan precisamente en estos marcos cognitivos. Todos poseemos tanto el marco conservador como el progresista, aunque sólo tengamos activo uno de ellos, por tanto, a los partidos (y en este caso a la Iglesia, que se rige también por el marco conservador) les interesa activar su marco en los ciudadanos. ¿Y cómo activarlo? Mediante el lenguaje. Ayudándose, en este caso, de imágenes.
El mensaje es claro: un bebé (monísimo, por supuesto, y de varios meses, en ningún caso un embrión o un feto) pide que se proteja su vida. A ver quién es capaz de negárselo. Sin embargo, en ningún caso vemos a la madre, ni hablamos de su libertad para decidir, ni contemplamos posibles problemas derivados de la gestación o el parto para ella, ni nos planteamos el hecho de que una adolescente críe a un hijo al que no desea. Por otro lado, la comparación con el lince y más en general con la protección al medio ambiente, una maniobra que ofrece una imagen del gobierno más preocupado por los animales y las plantas que por los seres humanos. Ya tenemos el asunto entendido dentro de un marco conservador: radical oposición al aborto, no se le permite a la mujer decidir sobre su propia maternidad, lo cual, y más viniendo de la Iglesia, tiene un importante sesgo machista, puesto que los hombres (unos pocos) sí pueden decidir sobre la maternidad de esas mujeres.
En el lenguaje, como vemos, está la clave. Cualquier refutación que se pretenda hacer a las afirmaciones que comentamos no tiene posibilidad de éxito si no se reenmarca la situación y se lleva a términos progresistas. Si se intenta responder utilizando el mismo marco conservador, caemos en una trampa, pues el marco está basado en unos valores muy arraigados y bien definido en la mente de las personas. Mientras esté activo, los hechos que no encajen simplemente no se tendrán en cuenta, y los que sí lo hagan pasarán a reforzarlo. De eso es de lo que habla Lakoff y es la estrategia que el sector religioso de la derecha está utilizando. ¿Cómo enfrentarse a ello? Cambiando de marco, volviendo a definir la situación en otros términos.
La mayor parte de discursos políticos se basan en esto, por ello es importante que seamos conscientes y los juzguemos de manera crítica, siendo capaces de abstraer las ideas fundamentales del marco en el que se basan, los valores que las sustentan.
La comparación que hacen entre la protección a los linces y otras especies, y la protección de los seres humanos nonatos ha sido definida como demagógica. En realidad, lo que están haciendo los obispos y los sectores afines de la derecha que apoyan su campaña, es definir la situación en sus propios términos. George Lakoff, famoso lingüista estadounidense, habla en varios de sus libros de la importancia de los marcos cognitivos en el discurso político. Cada partido basa sus ideas en una serie de valores contrapuestos a los del otro, y estas ideas se organizan precisamente en estos marcos cognitivos. Todos poseemos tanto el marco conservador como el progresista, aunque sólo tengamos activo uno de ellos, por tanto, a los partidos (y en este caso a la Iglesia, que se rige también por el marco conservador) les interesa activar su marco en los ciudadanos. ¿Y cómo activarlo? Mediante el lenguaje. Ayudándose, en este caso, de imágenes.
El mensaje es claro: un bebé (monísimo, por supuesto, y de varios meses, en ningún caso un embrión o un feto) pide que se proteja su vida. A ver quién es capaz de negárselo. Sin embargo, en ningún caso vemos a la madre, ni hablamos de su libertad para decidir, ni contemplamos posibles problemas derivados de la gestación o el parto para ella, ni nos planteamos el hecho de que una adolescente críe a un hijo al que no desea. Por otro lado, la comparación con el lince y más en general con la protección al medio ambiente, una maniobra que ofrece una imagen del gobierno más preocupado por los animales y las plantas que por los seres humanos. Ya tenemos el asunto entendido dentro de un marco conservador: radical oposición al aborto, no se le permite a la mujer decidir sobre su propia maternidad, lo cual, y más viniendo de la Iglesia, tiene un importante sesgo machista, puesto que los hombres (unos pocos) sí pueden decidir sobre la maternidad de esas mujeres.
En el lenguaje, como vemos, está la clave. Cualquier refutación que se pretenda hacer a las afirmaciones que comentamos no tiene posibilidad de éxito si no se reenmarca la situación y se lleva a términos progresistas. Si se intenta responder utilizando el mismo marco conservador, caemos en una trampa, pues el marco está basado en unos valores muy arraigados y bien definido en la mente de las personas. Mientras esté activo, los hechos que no encajen simplemente no se tendrán en cuenta, y los que sí lo hagan pasarán a reforzarlo. De eso es de lo que habla Lakoff y es la estrategia que el sector religioso de la derecha está utilizando. ¿Cómo enfrentarse a ello? Cambiando de marco, volviendo a definir la situación en otros términos.
La mayor parte de discursos políticos se basan en esto, por ello es importante que seamos conscientes y los juzguemos de manera crítica, siendo capaces de abstraer las ideas fundamentales del marco en el que se basan, los valores que las sustentan.
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17 de marzo de 2009
Correlaciones

- Solía pensar que la correlación implicaba causalidad. Entonces fui a una clase de estadística. Ahora no lo creo.
- Parece que la clase ayudó.
-Bueno, puede ser.
Sé que estos días las entradas son un poco tontas. No tengo mucho tiempo, pero no me he podido resistir a poner este cómic. Como quizá no todo el mundo tiene claro lo que es la correlación, intentaré explicarlo a grandes rasgos, de forma sencilla: pongamos por ejemplo dos variables, como la cantidad de palabras que sabe una persona y su edad. Supongamos que, por norma general, las personas que saben más palabras son precisamente las que tienen mayor edad, y a la inversa, aunque no necesariamente va a cumplirse siempre. Diremos que estas dos variables están correlacionadas. Sin embargo, esto no significa que la edad sea la causa de saber más palabras. Esta es una correlación que no implica causalidad.
La correlación se mide con un número entre 1 y -1. Cuanto más cercana es de cero, menos relación hay entre las variables, cuanto más se aleja de cero la correlación, más relacionadas están, ya sea una relación directa (hacia 1) o inversa (hacia -1). Sin embargo, la correlación nunca llega a 1, porque es una relación que no siempre se cumple. Una relación de causalidad lineal se cumpliría siempre si conseguimos controlar todas las variables.
Por esta razón, debemos tener claro que el hecho de que exista una correlación entre variables, aún cuando esta correlación sea alta, no implica que una sea la causa de la otra.
PD: una correlación, en realidad, si puede ser 1. Ocurre cuando se correlaciona una variable consigo misma, o cuando consideramos dos variables que se relacionan mediante una función lineal.
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16 de marzo de 2009
Materia gris
Esta mañana, en Cadena Dial...
WTF!
- ¿Dónde está la materia gris?
- ¡En el cerebro!
- No.
- En el cráneo.
- No.
- En el cerebelo.
- No...
- ¡Ya lo sé, en el hemisferio derecho!
- No... Está en el encéfalo.
- ¿En el encéfalo? ¿Y eso dónde está?
- Por el occipital...
WTF!
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10 de marzo de 2009
Visión 3D
Hacía tiempo que no leía nada sobre percepción, pero hoy han caído en mis manos algunos apuntes sobre percepción de la profundidad, un tema que siempre me ha llamado la atención. A grandes rasgos, los ojos humanos funcionan como pequeñas cámaras, la luz entra por la pupila y la imagen se proyecta sobre la retina. La retina está formada por una serie de células que responden a la luz (fotorreceptores) y envían la señal al cerebro, en concreto al córtex visual, donde la información es procesada, enviada a otras áreas e interpretada, todo en cuestión de una fracción de segundo. Pues bien, las células que forman la retina constituyen una capa plana, donde la imagen se proyecta en dos dimensiones. Entonces, ¿cómo percibimos la profundidad?No hay una sola forma de hacerlo. Para empezar, en la imagen retiniana, aunque sea bidimensional, se proyectan diferentes tipos de información sobre la profundidad, es lo que se llama "claves de profundidad". En un observador que se mantiene estático, por ejemplo, el tamaño y la posición de los objetos serán diferentes según la distancia a la que se encuentren, y los objetos lejanos se verán más azulados y difuminados, ya que los vemos a través del aire lleno de partículas en suspensión. Si el observador se mueve, verá cómo los objetos cercanos se mueven más rápidamente que los lejanos. Es decir, aunque la imagen de la retina sea bidimensional, el cerebro recibe información sobre la profundidad que puede interpretar como tal y producir una imagen visual en tres dimensiones.
Los movimientos de los músculos oculares al enfocar objetos que están a diferentes distancias también proporcionan información sobre el espacio tridimensional. Finalmente, existe una clave de profundidad que requiere combinar la imagen procedente de cada una de las retinas, de manera que las pequeñas diferencias existentes entre ellas permiten al cerebro construir una imagen del mundo en tres dimensiones. Este fenómeno se conoce como disparidad binocular, y daría para otro post, así que retomaré el tema otro día.
Más información, aquí.
Imagen de T4ke0veR.
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7 de marzo de 2009
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