Hoy, después de unas semanas sin publicar (mis más sinceras disculpas a los lectores del blog, si es que los hay), me he encontrado un
este artículo en Microsiervos. Es bastante antiguo, pero yo nunca había oído nada sobre el tema. Habla sobre un físico ruso,
Anatoli Bugorski, cuyo cráneo fue atravesado por un haz de partículas en los años 70, mientras estaba manipulando un componente de un acelerador de partículas (sí, como el LHC). El caso es que el haz de partículas atravesó la piel, el hueso del cráneo, y el cerebro de Bugorski, a una velocidad cercana a la de la luz, destruyendo lo que encontró a su paso. Enseguida lo llevaron al hospital, a la espera de que muriese, pero no lo hizo. Sigue vivo, de hecho. Sufrió, eso sí, parálisis del lado izquierdo de la cara (por donde había entrado el haz de partículas) y algunas crisis convulsivas y pérdida de conciencia, aunque desde luego es poca cosa teniendo en cuenta que nadie esperaba que sobreviviera. No se observó ninguna secuela a nivel cognitivo ni emocional, sólo la parálisis motora, incluso pudo continuar sin problemas sus trabajos de investigación. Eso es algo que me parece realmente fascinante, teniendo en cuenta que un rayo de partículas le había atravesado el cerebro sometiéndolo a niveles de radiación elevadísimos.
Aquí tenéis una imagen de su cara y la trayectoria que siguió el haz de partículas:

19 años después del accidente, el lado derecho de la cara del físico había envejecido normalmente, mientras el izquierdo continuaba paralizado y con el mismo aspecto que el día del accidente. Aunque pueda sonar tentador eso de no envejecer, lo cierto es que no compensa... Así que, niños, mantened la cabeza fuera del Large Hadron Collider!