En principio, no hay ningún método, por sí solo, que garantice total fiabilidad. Aun así, los siguientes métodos muestran cierta eficacia (que se ve aumentada si se complementan entre ellos):
- Método fisiológico: Se centra fundamentalmente en el aspecto emocional, que debería delatar al mentiroso mediante la provocación de ciertos signos como el aumento del pulso cardiaco, de la tasa respiratoria o de la conductancia de la piel. Todos conocemos el famoso polígrafo. Los principales problemas de este método es que, por un lado, puede provocar falsos positivos, es decir, que detecte las alteraciones comentadas, pero estas no se deban a la mentira (sino, por ejemplo, a la excitación que pudiera provocar el recibir preguntas comprometidas). Además, también pueden darse falsos negativos, que se producen cuando la mentira no va acompañada de alteración fisiológica (puede darse en sujetos entrenados en técnicas de relajación, o en personas con psicopatía).
- Análisis de conducta no verbal: Análisis de expresiones faciales, gestos, contacto y movimiento ocular, etc. La desventaja de este método es la falta de apoyo empírico que garantice la fiabilidad de la correspondencia de un tipo de expresión o gesto con el hecho de mentir. Hay importantes diferencias entre personas en este aspecto, y habría que realizar estudios individuales del sujeto a evaluar. El uso de programas informáticos especializados contribuye favorablemente a la eficacia de la técnica.
- Análisis de contenido de las declaraciones: Mediante diversas técnicas, se desea analizar el contenido de la respuesta del sujeto. Empleando criterios como la estructura lógica o la cantidad de detalles, se pretenden encontrar patrones que revelen un posible engaño. Sin embargo, este método sólo ha conseguido detectar alrededor de un 70% de las declaraciones falsas.
- Por último, señalar que, a nivel neuroanatómico, técnicas que de registro de la actividad cerebral han puesto de manifiesto la especial implicación de regiones frontales de la corteza (importante papel en la planificación, autocontrol, etc) en la mentira, en comparación con sujetos que decían la verdad. Mediante este método, parece más difícil que una persona pueda enmascarar los signos que lo delatarían. Si bien, todavía no se lleva a cabo su uso en el ámbito jurídico, por ser un conocimiento aún no demasiado contrastado y por limitaciones prácticas. Y en cualquier caso, no podemos decir que se ha encontrado el “centro cerebral de la mentira” (que bien quedaría eso en un titular de prensa), sino simplemente un área que, además de en muchas otras cosas, está implicada en la actividad cognitiva que llevamos a cabo cuando mentimos.
(Langleben, 2000)
Y es que el engaño es toda una proeza evolutiva, que solo aparece a nivel rudimentario en especies cercanas a la nuestra. Exige ponerse en el lugar del otro, inferir lo que está pensando, y reprimir la espontánea respuesta verdadera para elaborar una mentira creíble. Es comprensible, por tanto, que esté implicadas algunas de las áreas más evolucionadas de nuestro cerebro.
No puedo terminar la entrada sin antes presentarme. Mi nombre es David, soy estudiante de último curso de Psicología, y me uno como nuevo colaborador del blog Espacio Sináptico. Intentaré aportar información y opinión que pueda resultar de interés a los amantes de esta ciencia. Me atrae la ciencia en general, la Psicología en particular, y concretando aún más, me interesa especialmente la rama clínica, jurídica y todo lo relacionado con la parte más biológica de la conducta (psicobiología, neuropsicología, etc). Esperando que mi humilde contribución del agrado de los lectores, me despido hasta otra ocasión. ;)



